Apoyo sinigual
- Jadirh González
- 29 mar 2024
- 1 Min. de lectura
En el ocaso de la fatiga, donde el alma se desvanece entre susurros de cansancio,
surge un eco susurrante de promesas, una luz titilante en la noche más sombría.
Él da esfuerzo al cansado, como un manantial que brota en el desierto árido del desaliento,
sosteniendo al corazón exhausto con su abrazo firme, multiplicando las fuerzas en la fragilidad más profunda.
Pero también en los brazos de la familia y los amigos,
se encuentran refugios seguros, donde el alma encuentra consuelo y cobijo.
En los lazos que nos unen, en el abrazo que reconforta,
encontramos fuerza y aliento para enfrentar cada batalla.
No importa cuán profunda sea la oscuridad que envuelve el camino,
su amor es la antorcha que guía en la noche más densa,
una llama eterna que arde con la esperanza inextinguible.
En los valles más profundos, donde la fe titubea y el corazón se tambalea en la incertidumbre,
La familia y los amigos son faros en la tormenta,
compañeros en la travesía, que nos sostienen con su amor y su aliento.
Así que en los momentos de duda y desaliento,
recordemos que no estamos solos, que hay manos dispuestas a ayudarnos a levantar vuelo.
Por Jadirh Gonzalez
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